Carmelo Peña y los vinos de altura de Gran Canaria Presentacion Jable de Tao Carmelo Pena 1

Carmelo Peña y los vinos de altura de Gran Canaria

Carmelo Peña elabora vinos en altitud desde San Mateo. Conócelo y descubre Ikewen, Tidao, Sansofi, el proyecto El3mento y Jable de Tao.

Bien de Altura: el origen que no se olvida

Este pasado viernes 30 de mayo, asistí a una interesante cata de vinos con motivo del Día de Canarias.

Un bonito encuentro celebrado en el espacio Gurtubay Lab del Grupo Merino, en Madrid, al que asistí gracias a la invitación de la sumiller canaria Alba Bernal, alumna de GCA.

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Un evento que no quería perderme, por la posibilidad de reencontrarme —con calma, con atención, con todos los sentidos puestos— con los vinos de Carmelo Peña Santana. Y esta vez, además, poder hablar con él cara a cara.

Ya conocía parte de su trabajo, pero en esta ocasión probé varios de sus vinos con tiempo y sin prisas: Ikewen tinto, Ikewen blanco —una rareza del que solo se han hecho 200 botellas con velo de flor— y también los vinos del proyecto Jable de Tao, del que forma parte en Lanzarote. La experiencia fue algo más que una simple cata. Fue una lección de territorio, de humildad y de conocimiento.

Un camino hecho desde cero

Carmelo Peña es canarión. Estudió ingeniería química, y fue ahí donde comenzó su contacto con el mundo del vino. Le gustó tanto que decidió continuar su formación en el Máster de Enología de Tarragona. Y fue precisamente en Tarragona donde empezó a tejer relaciones que marcarían su carrera como su amistad con Luis Pedro Cândido da Silva (hoy enólogo en Niepoort y miembro de la familia propietaria de Quinta da Carolina), quién le convenció para hacer una vendimia en Portugal. Lo que iba a ser una experiencia puntual, terminó alargándose dos años, al ofrecerle quedarse a trabajar.

Después de Portugal, Carmelo buscaba más: otras formas de elaborar, otros territorios, más aprendizaje. Se fue a trabajar una vendimia con Raúl Pérez en El Bierzo, y luego cruzó el Atlántico para trabajar en Chile con Pedro Parra, uno de los grandes expertos en suelos del mundo. Fue allí donde profundizó aún más en el conocimiento del terreno y la relación entre planta y suelo.

A su regreso, en 2017, decidió volver a sus orígenes y fundar su proyecto en Canarias, bajo el nombre de Bien de Altura.

El nacimiento de Ikewen: origen y familia

Carmelo no viene de una familia bodeguera de grandes recursos. Lo suyo es un proyecto de primera generación. Sin apenas capital, buscó viñedos abandonados en una zona con enorme potencial: Vega de San Mateo, al noreste de Gran Canaria. Un lugar especial, extremo, donde los vientos alisios azotan constantemente y la vendimia se complica por las pendientes y la altitud.

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Ahí nació Ikewen, su primer vino, elaborado en familia y con el alma puesta en cada paso. Ikewen significa “origen” en lengua amazigh, hablada por los bereberes del norte de África —los pueblos que dieron lugar a los antiguos guanches en Canarias—. Todos sus vinos llevan nombres en bereber, como una forma de rendir homenaje a esa memoria ancestral.

La etiqueta de Ikewen muestra los pies de los hombres de la familia, como símbolo de un vino hecho de forma artesanal, con esfuerzo físico, sin artificios. Es un vino de pueblo, de varias parcelas repartidas por San Mateo, entre 1100 y 1500 metros de altitud. Por encima del mar de nubes. Con pendientes del 40 al 60%, sin terrazas, sin bancales. Solo montaña. De ahí que vendimiar sea una tarea dura, casi heroica, donde la uva se saca en cajas y por un sistema de raíles con motor, parecido al sistema utilizado en Ribeira Sacra.

Pero ese mismo entorno hostil —la altitud, el viento, la inclinación— tiene una ventaja: casi no hay enfermedades como el oídio o el mildiu, lo que permite una viticultura mucho más limpia y natural. De hecho, su enfoque es siempre de mínima intervención pero máximo cuidado, tanto en el campo como en bodega. Sus vinos son honestos, saludables y fáciles de beber, sin perder complejidad ni identidad.

Cepas centenarias y memoria histórica

Las viñas con las que trabaja Carmelo en esta zona son prefiloxéricas, con edades que rondan los 100 a 130 años. La variedad predominante es Listán Negro, adaptada perfectamente a este entorno volcánico y extremo. Esta zona vivió un auge en los años 40, cuando muchos canarios emigraban a Cuba o Venezuela por la crisis. Como no se podían plantar frutales por el tipo de suelo, se plantaron vides, muchas veces para el autoconsumo. Y esas cepas antiguas, olvidadas durante años, hoy son el corazón de Bien de Altura.

Los vinos parcelarios: Tidao y Sansofi

Además de Ikewen, Carmelo elabora vinos de parcela que reflejan las diferencias de altitud, suelo y orientación. Como él mismo dice: “lo que marca los patrones y las diferencias son altitud, suelo y orientación”.

  • Tidao, que significa “unión” en lengua bereber, se elabora en una viña de brecha volcánica: piedras erosionadas tras una explosión volcánica. Es la única parcela con ese tipo de suelo. Las raíces penetran con facilidad, lo que da vinos con más fruta, más tensión y más profundidad. Tiene las cepas más antiguas (130 años) y es también la viña más baja del proyecto (1100 m), orientada al sureste, lo que la convierte en un vino más cálido y “de sol”.
  • Sansofi, que significa “bienvenido”, es una de las pocas parcelas orientadas al norte y con el mayor contenido de picón (roca volcánica). Esta orientación, tan rara en la zona, hace que la maduración sea lenta. Aquí se vendimia a veces en septiembre e incluso octubre. El Listán Negro aquí produce vinos de menor graduación alcohólica (11,5%–12,5%), pero con una expresión de frescura y verticalidad a destacar.

El proyecto El3mento: un vino, muchos territorios

Otro de sus proyectos fascinantes es El3mento, nacido como una coproducción canario-portuguesa junto a Luis Pedro, del Douro. Este proyecto ha crecido y hoy cuenta con elaboraciones en seis regiones:

  • El3mento Vinho Verde
  • El3mento Douro
  • El3mento Neuchâtel (Suiza)
  • El3mento Itata (Chile)
  • El3mento Lanzarote
  • El3mento Gran Canaria

Todos los vinos de El3mento comparten la misma filosofía de elaboración: estilo georgiano, con maceraciones con raspón durante 8 meses en tinajas de barro. La idea es mantener una forma de hacer tradicional, coherente y respetuosa, pero adaptada a las uvas autóctonas de cada territorio. Pinot Noir en Neuchâtel, Listán Negro en Gran Canaria…

Jable de Tao: vinos con alma de isla

Durante la cata del pasado viernes, uno de los momentos más especiales fue probar por primera vez los vinos del proyecto Jable de Tao. Ya me habían hablado de ellos —en concreto mi amigo y colega sumiller canario José Pérez— y tenía muchas ganas de comprobar por mí mismo si todo lo que me habían contado era cierto. Lo fue. Y más.

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El origen del nombre: suelo y pueblo

El nombre de la bodega y del proyecto, Jable de Tao, no es casual. El jable es un suelo singular que da identidad a este vino: una arena blanca de origen marino formada por conchas y algas calcáreas. Según me contó Carmelo Peña, al formarse la isla de Lanzarote quedó una parte de mar que cubría la zona central de la isla. Con el paso del tiempo, esa zona fue acumulando depósitos marinos hasta formar este tipo de suelo tan particular.

El jable, al ser rico en carbonato cálcico, aporta un carácter calizo al vino, pero también tensión, salinidad y una expresión muy limpia del entorno. Y Tao, por su parte, es el nombre del municipio donde se ubican muchas de las viñas del proyecto.

Estamos acostumbrados a asociar los viñedos de Lanzarote con La Geria, la imagen más icónica de la viticultura heroica de la isla: hoyos de varios metros de profundidad excavados en lapilli negro para proteger la vid del viento y conservar la humedad. Pero hay otros paisajes vitícolas menos conocidos que también merecen atención. Este proyecto nace precisamente para darles voz.

Una declaración de intenciones

Jable de Tao Bodega y Viñedos surge en un momento complicado para la viticultura, no solo en Lanzarote, sino en toda Canarias. Con este proyecto, Carmelo y su equipo hacen una apuesta clara: elaborar vinos que hablen del territorio y que no dejen fuera a los viticultores que los hacen posibles. Un homenaje al origen, al paisaje, y sobre todo, a las personas que lo cultivan.

Su manifiesto es claro: profesionalizar el sector, dignificar la figura del viticultor y asegurar el relevo generacional. Sin esto, no hay futuro para el vino en la isla. Este proyecto es una forma de honrar la tierra, a sus antepasados y al sueño de seguir haciendo vinos con arraigo, identidad y responsabilidad.

Los vinos de Jable de Tao que probé en la cata

Jable de Tao Blanco 2023

La primera añada fue en 2022, y en esta cata pude probar la segunda, 2023. Un vino que pretende ser el reflejo líquido de toda la isla. Se elabora a partir de parcelas repartidas de norte a sur, en suelos de jable, volcánicos, sedimentarios, enarenados y zonas de La Geria.

Las variedades son diversas: Malvasía Volcánica, Listán Blanco, Diego, Listán Negro… Todo se prensa como blanco, se desfanga ligeramente y fermenta en distintos recipientes: fudres, hormigón y barricas de 500 L. El resultado es un vino lleno de matices, con textura, salinidad y un perfil muy atlántico.

Jable de Tao Tinto 2022

Este tinto, que se lanza ahora al mercado, me pareció especialmente revelador. Elaborado con Listán Negro procedente de distintas zonas de Lanzarote, con cepas de entre 100 y 150 años, plantadas sobre suelos volcánicos y calizos.

Es un vino que representa muy bien la isla: fresco, balsámico, ligero, con fruta roja ácida y una tensión que lo hace muy gastronómico. Pero lo que realmente lo eleva es el tiempo: pasa dos años en tinaja y fudre, lo que le permite redondearse, suavizar taninos y eliminar esas notas de pimiento verde que a veces muestra la Listán Negro cuando no se le da margen.

Carmelo lo explica así: si no le das tiempo, puede parecer un Barolo recién hecho —áspero, terroso, difícil—, pero cuando se trabaja con paciencia, aparece su lado más delicado y elegante.

Para mi estaba más cerca de un Chambertin.

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Chupadero

Un vino de paraje que nace en el corazón de La Geria, en una caldera volcánica con hoyos de hasta 15 metros de diámetro y 5 de profundidad. Aquí se elabora con 100% Listán Blanco, algo poco habitual en esta zona.

El viñedo está plantado sobre lava ultramáfica, con un alto contenido de olivina, un mineral que indica un origen magmático profundo, rico en hierro y magnesio. Este vino es la expresión máxima del suelo volcánico, con un fondo reductivo, una boca estructurada y una fruta que se mantiene en equilibrio, sin excesos. Uno de mis favoritos de la cata.

La Diego

Nombrado así por la variedad con la que se elabora: Diego, una uva minoritaria, neutra, de vendimia tardía y gran acidez. Procede de la montaña de Juan Bello, con viñas viejas plantadas sobre rofe volcánico erosionado.

La idea de este vino es reivindicar el potencial de una variedad olvidada, plantada en una zona de rofe más fino que le aporta una expresión más sutil y precisa.

Paraje Tao

Un vino que homenajea el pueblo de Tao, donde nació el sueño del proyecto. Se elabora con viñas de entre 100 y 150 años, en parcelas diseminadas por la zona centro-norte de la isla, mirando hacia Famara. Aquí el jable tiene un protagonismo especial.

Los suelos varían según la ubicación: desde zonas más arcillosas y profundas a otras más altas, sobre roca volcánica y caliza, siempre con el rofe en superficie. Todo plantado en zanjas y enarenados, fuera de la estética típica de La Geria.

Es una zona difícil para la Malvasía, por la humedad y el riesgo de mildiu, por lo que requiere un trabajo constante durante todo el año. Pero también es el corazón del proyecto, donde se encuentran gran parte de las viñas propias y el grupo de viticultores más jóvenes implicados.

Reflejo de una isla compleja

Los vinos de Jable de Tao me parecieron honestos, sápidos, vibrantes y profundamente ligados a la isla. No buscan deslumbrar desde el primer sorbo, sino que hablan del suelo, del viento, de las manos que los trabajan. Son vinos de territorio, que respetan el pasado y miran con compromiso hacia el futuro.

Conocer más de cerca a Carmelo Peña y su trabajo fue una experiencia profundamente inspiradora. No solo por los vinos, que hablan con precisión y verdad, sino por la historia que hay detrás: un proyecto que nace sin red, sin herencia, sin atajos. Solo pasión, conocimiento y mucho trabajo.

En un mundo donde muchas veces se premia lo superficial, reencontrarse con un productor así —coherente, humilde, comprometido— es un recordatorio de por qué amamos esta profesión.

Salud y gracias por la invitación.

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